Cuidar la piel del sol: mitos y verdades

Consejos del doctor / Revista Bienestar Sanitas Ed.131. Texto: Maricielo Acero.

Cuidar la piel del sol: mitos y verdades

La Academia Americana de Dermatología ha confirmado que el cáncer de piel se ha vuelto uno de los más comunes en Estados Unidos, y es el que causa más muertes en personas jóvenes. A continuación se aclaran algunas creencias a la hora de exponerse al sol.

 

Mito: Una vez al año no hace daño


Realidad. Falso. Aunque los rayos ultravioleta son indispensables para la vida, tenderse al sol sin ningún tipo de protección causa alteraciones en las células de la piel. Por eso, el tal bronceado “saludable” no existe. Si bien la piel bronceada se descama y se regenera, el organismo no olvida los excesos, señala Campo Elías Páez, medico dermatólogo adscrito a Colsanitas. Cada vez que la piel se quema se producen cambios irreversibles. Los daños se acumulan y las consecuencias aparecen tarde o temprano: manchas, arrugas, pecas, hasta melanoma o cáncer de piel. Tampoco se trata de esconderse en la sombra. Es mejor comenzar por exposiciones muy cortas (de 10 a 15 minutos como máximo los primeros días) para que la piel se acostumbre a los rayos solares, y asolearse en las primeras horas de la mañana o en las últimas de la tarde, cuando los rayos no caen de forma directa y son menos dañinos.

 

Mito: Hay que usar cualquier filtro solar.

Realidad. Sí y no. Hay que usar un filtro, pero no cualquiera. El protector solar se determina de acuerdo con el tono de piel. Cuanto más alto sea el FPS (Factor de Protección Solar), mayor es la resistencia de la piel. Las personas que se queman con facilidad deben usar un número alto (por encima de 30), y las que no se broncean fácilmente, un factor más bajo. Quienes tienen la tez negra producen más melanina (sustancia que le da pigmento a la piel y los ojos), por lo tanto, pueden utilizar un producto con un FPS reducido, pero nunca dejarla sin protección porque no están exentas de sufrir alteraciones en la piel. De igual forma, es necesario aplicar un protector solar para el área de los labios.

 

Mito: Si el día está nublado, la piel no se quema.


Realidad. No. Más del 60 por ciento de los rayos ultravioleta alcanzan a traspasar las nubes, y el efecto es el mismo aunque en menor intensidad. Otro error es creer que para quemarse hay que estar en la playa o en la piscina. Las superficies como el pasto, la arena, el pavimento y la nieve reflejan los rayos solares y generan un efecto de lupa, que llegan a lesionar aún más la piel que la exposición directa al sol. Aplicar el filtro solar debe ser un ritual sagrado antes de salir de casa, todos los días. Además, hay que ser generosos y repetir varias veces la aplicación durante el día, así no se le ve a la cara al sol.

 

Mito: Los productos con aceites ayudan a broncear.


Realidad. No. Por ningún motivo se deben emplear aceites, gaseosas u otras sustancias para acelerar el bronceado, por el riesgo de que dejen manchas imborrables y cicatrices. Es preferible aumentar el consumo de frutas y vegetales ricos en becarotenos y vitamina A, como zanahoria, papaya, ciruela, mango, espinaca, pimientos, tomate, brócoli, ya que estimulan la producción de melanina, la responsable del color a la piel. Sin embargo, al momento de recibir el sol hay que mantener alejados los jugos de limón, naranja, mandarina y, en general, los cítricos, para impedir que caigan sobre la piel y la manchen por la acción que ejerce el sol sobre la vitamina C que contienen estas frutas.

 

Mito: Con un FPS alto no hace falta nada más.


Realidad. No. La ropa es la mejor protección. Se recomienda llevar pantalones y camisetas de manga larga y, preferiblemente, de algodón o hilo que permitan transpirar. Los colores oscuros impiden que los rayos pasen, aunque acaloran más. Asimismo, hay que abrir espacio en el bolso para cargar un sombrero de ala ancha (por lo menos 10 centímetros), puesto que cubre más que una gorra. También hay que adquirir unas gafas. Evite comprar las gafas más baratas en la playa, pues esos lentes no protegen los ojos de los rayos ultravioleta. Use gafas oscuras en el agua o en la nieve, para bloquear el reflejo de los rayos sobre estas superficies, ya que la radiación directa en los ojos favorece la formación de cataratas y hasta el cáncer del tejido que está debajo de la parte blanca del ojo (úvea).

 

Mito: Tener la piel bronceada evita que el sol la queme más. 

Realidad. No. La piel tiene memoria y la radiación recibida a lo largo de la vida se almacena en las células. El problema es que llega el momento en que la piel no alcanza a regenerarse cuando el bronceado es permanente y agresivo. Entonces, aparecen los trastornos mencionados. Para disfrutar de las vacaciones sin lamentarlo, lo mejor es cuidar que la piel esté lo suficientemente hidratada para que no se reseque con la más mínima exposición, y cubrirla con un protector solar adecuado. Después del sol, es conveniente usar una cantidad generosa de loción o crema hidratante cada dos horas, puesto que la radiación acelera la pérdida de agua, provocando resequedad y descamación de la capa superficial (epidermis).

 

Mito: El sol hace que las cicatrices no se vean.


Realidad. No. todo lo contrario. Al comienzo puede que los granitos del acné y las cicatrices parezcan esconderse con el bronceado, pero la luz ultravioleta (también la de las lámparas y bombillas) estimula los melanocitos, haciendo que el área se manche más con el tiempo. Por esa razón no se aconseja broncearse después de haber sometido la piel a procesos como las microdermoabrasiones, depilación láser o con cera o peeling mecánicos o químicos. Por último, hay que tener cuidado con los medicamentos que se estén tomando. En lo posible, suspender los antibióticos o anticonceptivos orales, debido a que algunos de ellos pueden incrementar la sensibilidad de la piel a los rayos solares y favorecer la pigmentación.

 

Mejor blanca natural que canela artificial

La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha clasificado el bronceado artificial dentro del grupo 1, la categoría de agentes carcinogénicos con más alto riesgo de producir cáncer. La razón es que la exposición (así sea esporádica) intensa a los rayos ultravioleta afectan directamente el DNA de las células y las hace más susceptibles a mutar de forma anormal. Según la OMS, una sesión en una cámara de bronceado puede aumentar en un dos por ciento el riesgo de desarrollar un melanoma.